domingo, 17 de junio de 2012

Vuelve a creer en el amor

La noche no era diferente al resto de mis días, ni tampoco a la típica noche fría y oscura de la ciudad de Bogotá. Yo me encontraba en mi cuarto, como raro con la cabeza revuelta de ideas, sentimientos, sueños, deseos, necesidades y basura. Tenía que despejarla, pero sabía lo que esto conllevaba y era algo que por bastante tiempo estaba tratando de evitar, no necesitaba recordar ni reflexionar sobre mi vida, no por ahora, sin embargo, en algún momento debía hacerlo, así que decidí que fuera hoy y no después; que pésima decisión tome. Los recuerdos ganaron en fuerza y las lágrimas, una a una, comenzaron a brotar de mis ojos como si cada una llevase consigo un momento único. Ya se imaginaran cuantos instantes guardaba dentro de mí. Entonces los sentimientos se alborotaron, y bajo mi debilidad cometí estupideces. La soledad se apodero de mí ser.

No es bueno cargar con tanto pasado, es necesario dejar ir algunas cosas, pero no soy una mujer muy desapegada, todo lo contrario, mi vida es mi pasado en memorias. Me apego a todo, personas, objetos, momentos, incluso a las palabras y estas últimas son mis mayores tormentos, pero esta vez mi apego mas grande era al dolor. Ni siquiera al sentimiento de cariño, NO, era tal y como lo había escuchado en una película que adoraba “Este amor era como una herida, una vieja herida, como un desengaño amoroso al que te aferras, por el placer del dolor”. No obstante y pese al muy fuerte sentimiento de soledad que habitaba en mi cuarto, comprendí algo, no estaba tan sola, no como creía, aunque fueran pocas las personas que me acompañaban en el proceso de mi vida, eran las adecuadas y las necesarias. Sabía que podía contar con ellas siempre, en las buenas y en las malas; el resto, dependía de mí. Necesitaba quitarme esta carga, este peso que te deja el fallido primer amor, necesitaba que mi alma se liberara; pero antes debía dejar el alma de él tranquila y libre.

Precisaba liberarlo completamente de mis cadenas, permitirle ser feliz de nuevo, que encontrara paz y tranquilidad, y sobre todas las cosas que me perdonara, solo entonces cuando el perdón concentrara nuestras almas, solo hay, yo me abría perdonado y podría ser libre de nuevo.  Debía permitirle al tiempo que curase las heridas abiertas y que convirtiera en pasado lo que yo quería mantener en el presente.


“Si pudieras despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con esa persona, tendrías una puerta y ¿Sabes qué haría el universo al verla? COLARSE. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer…”


A pesar de mis inútiles esfuerzos, las ganas y el animo cada día eran menores, intentaba encontrar alguna actividad que me distrajera, pero nada funcionaba; no conseguía ser perseverante, abandonaba todo tan pronto me aburría. Incluso había intentado realizar lo del famoso dicho “Un clavo saca otro calvo” ya había conseguido un clavo nuevo, uno que parecía muy bueno, con las características perfectas; no obstante no funciono, pues la cura me resulto peor que la enfermedad, y este clavo resulto ser de muy mala calidad. Ahora estaba sola con mí ser y mis ganas de superación, que claro estas no duraron mucho. La razón, no la sabía, intentaba culpar a mí ser débil de nacimiento y poco drástico en sus decisiones, a mi corazón iluso y a mi inocencia casi estúpida, y aunque eso era lo que menos importaba yo lo había convertido en un ritual diario. Me quejaba todos los días de mi misma; ya nada me agradaba, vivía en una constante insatisfacción que concluía en un estado emocional infeliz. Había dado un retroceso, uno grande, sin querer o tal vez con, estaba convirtiendo todos los meses e incluso años de esfuerzo  en basura, estaba regresando a mis peores años de adolescencia, esos en los que sientes que el mundo entero esta en contra tuyo, una situación completamente ridícula que me perseguía para apoderarse de toda mi alma.  

Sabía que no tenía que permitirlo, pero me negaba hacer algo, solo quería que me invadiera por completo. Era como si aceptara que el diablo se llevara mi alma sin siquiera pedir o luchar para que no lo hiciera. Me estaba entregando a la oscuridad. Me había conformado con vivir infeliz porque le tenía miedo al cambio y a que este me dejara en ruinas.

De pronto algo rompió el silencio de la taciturna noche, una llamada, una que resucitaría mis fuerzas, mis ganas y a mi ser. Una que había llegado justo en el momento, como un ángel tal vez. Me había llenado de paz y justo ahora y a pesar de las múltiples lágrimas que transcurría mi rostro, estaba completamente segura que lo lograría, lo superaría.

Había conseguido comprender la situación, debía proporcionarle a mi ser un cambio. Ya no le tenía más miedo a las ruinas, porque estas eran mi camino a la trasformación. Estaba decidida a conseguir un equilibrio, a recuperar mi espiritualidad, mi esencia, y a mi misma. A liberar a mi alma y dejar sanar mi corazón roto, a recuperar la confianza, porque esta era la única forma de sanar. Entonces, cuando consiguiera esto, sería completamente libre y podría volver a ser feliz y, tal vez, porque no, volver amar. Porque es el amor una de las razones que nos mantiene vivos y nos hace únicos.

“Trabaja la mente, es lo único que deberías controlar, porque si no puedes controlas tus pensamientos estarás en problemas por siempre”




"La devoción es amor" 




♥ Lore Torres 

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